10 lecciones a los 30

Mucha gente llega a los 30 muerta de miedo ya que nos han educado para creer que es la edad en la que pasamos de la juventud a ser personas adultas y a partir de ese momento parece que ya no tienen cabida locuras y perseguir sueños, es el momento de tener un trabajo estable, independencia económica, formar una familia y conseguir éxitos. Sin embargo, los 30 no deja de ser un número y cada persona llega a esta edad con diferentes expectativas, en mi caso, es una nueva etapa pero no por las razones que nos han querido inculcar sino por todas las cosas que he aprendido y que al aplicarlas me hacen ver y actuar en la vida de forma muy diferente. Estas son algunas de esas lecciones que han marcado la diferencia entre mis 20 y mis 30:

1. Escucharme, seguir mi corazón, conocerme. Observar mis reacciones y actitudes en diferentes situaciones, intentar entenderlas y canalizar mis sentimientos, escuchar mi respiración, prestar atención a mi interior, a lo que me hace latir. El yoga, la meditación, la danza, estar a solas conmigo y escribir mis propias lecciones, mis notas personales es algo que me ha ayudado mucho a entenderme y conocerme mejor, asimilar los aprendizajes que la vida me regala.

2. Quererme. No enmascarar mis sentimientos, ser clara y transparente. No pretender ser una persona que no soy, no compararme, simplemente crecer dentro de mis posibilidades, llenar mis límites con plenitud, trabaja para conseguir la mejor versión de mi. Conocerme, quererme, cuidarme, valorar lo que tengo y luchar por la vida que quiero ya que nadie lo hará por mí.

3. Elegir bien mis pasiones. El conocido “just do it” puede hacer mucho daño si no conoces lo que quieres por lo que es muy importante antes de nada, conocerse a unos mismo y no confundir lo que uno quiero con lo que quieren los demás. Qué disfruto haciendo? Qué habilidades, actitudes, personalidad tengo? Qué me hace sentir? Son respuestas muy profundas que requieren tiempo, no es fácil llegar a las respuestas sin confundirse con las influencias y la superficialidad que nos rodea, evitando entrar en un molde que no es el nuestro. Detectando lo que me arde por dentro y me hace vibrar, esa motivación que alimenta mi día a día.

4. Dedicar tiempo a los que de verdad me importan. A los 20 esto no lo veía y apenas dedicaba tiempo a las personas más importantes de mi vida. Siempre ocupada, viajando e invirtiendo mi tiempo y pensamientos en gente pasajera. Me he tenido que ir lejos para echar de menos y apreciar a las personas que de verdad importan, las que me han dado la vida y que están ahí de forma incondicional para lo que sea, desviviéndose para que no me falte de nada. Ahora es a mí a quién me toca cuidarlos, demostrarles lo que los quiero, lo mucho que significan en mi vida y darles todo lo que se merecen.

5. No dejar para mañana lo que pueda hacer hoy.Intento no dejarme nada en el tintero, la vida pasa más rápido de lo que me gustaría así que intento no dormirme en la zona de conform, quiero llegar a abuelita orgullosa de la vida que he elegido vivir. Si puedo hacer algo que me haga feliz hoy sin hacer daño a los demás, lo hago. Planifico mi vida a corto plazo, como si no fuera mi último año, así me aseguro de no dormirme en los laureles.

6. Disfrutar del momento. De nada sirve el punto anterior si no se disfruta. Son muchos los momentos a los que me gustaría volver, momentos que he aprendido que igual que vienen se van porque lo único constante es el cambio, por eso ahora intento vivirlo todo con más intensidad si cabe, pensando que nadie nos confirma el mañana.

7. Ser persistente. Si miro atrás, los momentos más gratificantes de mi vida han sido esos en los que después de invertir un esfuerzo diario en algún objetivo, lo he conseguido. Las cosas que han requerido mi esfuerzo y dedicación, que me han demostrado de lo que soy capaz. Disciplina, constancia, perseverancia y esfuerzo son valores que ocupan un lugar muy importante en mi vida porque se lo mucho que contribuyen a acercarme a mis metas y éxitos en la vida.

8. Dejar las cosas ir. Los enfados nunca fueron buenos, no dejan de ser miedos, daño o decepción disfrazados. Son muchos los enfados que me han hecho pasarlo fatal a mis 20 y que tanto me costaban olvidar. Al final, no deja de ser energía negativa retraída que nos hiere a nosotros mismos, malgasta nuestro tiempo y nos aleja de atraer luz positiva a nosotros. Si alguien me hace daño aprendo a aceptarlo tal y como es y si esa persona me hace daño continuamente, simplemente la alejo de mi vida. Los 30 me han hecho mucho más selectiva con las personas que quiero en mi vida y todas aquellas que aportan negatividad ya no tienen cabida. Las relaciones con los demás no dejan de ser reflejos de uno mismo, tanto en lo bueno como en lo malo. Inconscientemente es el reflejo de nuestras más profundas inseguridades y necesidades, son el espejo de nuestra alma.

9. No subestimar el poder de mi mente mi cabecita es, sin duda, la que guía mi vida tanto para bien como para mal, son muchas las veces que ha saboteado mis sueños y muchas también las que me ha impulsado hacia ellos. Intento entrenarla tanto o más que mi cuerpo, intento llenarla de pensamientos positivos, apartar lo negativo, cuidarla y sobretodo, lo que más me cuesta, acallarla cuando me empieza a volver loca.

10. LOVE. Algo que tengo clarísimo es, como ya he explicado en post anteriores, que necesito amor en mi vida para vivir plenamente. Intento hacer todo lo que hago con amor y sino mejor no lo hago. Me rodeo de gente que quiero y que me quiera, aprendo a querer todo lo que me rodea, todo lo que la vida me regala y sobretodo no me canso nunca de buscar el amor, porque se que es de las mejores cosas me pueden pasar en la vida, quién no ha sentido lo que es enamorarse alguna vez no ha vivido del todo. Tengo muy claro que no quiero estar sola pero también tengo claro que no voy a ser conformista y que la persona que esté a mi lado será porque los dos nos aportemos y nos hagamos mejores estando juntos. Las relaciones tormentosas ya no tienen cabida en mi vida.

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