Viaje relámpago al Amazonas

Después de poco más de una semana en Cusco decidí moverme antes de mi vuelo a Lima. La primera opción era Bolivia, desde donde quería ver el lago titikaka y la isla del sol, la otra opción era verlo desde la parte de Peru minimizando horas de viaje, pero al final ni una cosa ni otra, un mail repentino hizo que cambiara el destino en el último momento dirigiendo a la selva del Perú, a Puerto Maldonado y de allí a la comunidad indígena nativa llamada Infierno, en pleno amazonas.

La razón principal era conocer a el maestro Don Ignacio del que tanto me habían hablado como chaman experto del Ayahuasca. Algo me decía que debía ir allí y en lugar de invertir mis últimos días en famosos destinos turísticos, invertirlos en experiencias más vivenciales. A pesar de ser un destino que nadie me recomendaba y nada turístico, seguí mi intuición y… me equivoqué.

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El viaje fue duro y largo, 12 horas, por curvas, mareada en un autobús de locales, sin asiento reclinable y con un calor y concentración de olores inaguantable, bebes llorando y algún borracho cantando… “Espero que esto valga la pena”, pensaba. A las 6 am llegamos a Puerto Maldonado donde estaba lloviendo, el lugar no brillaba por su belleza, ahora me explico porque no vienen turistas, solo la loca de mí. De allí cogí un coche que iba para la comunidad Infierno, tras unas horas de espera, el coche se llenó y empezamos el trayecto. Una hora de camino con paisajes increíbles, cada vez adentrándonos más hacia la selva, con caminos intransitables, pasando por puentes al filo de derrumbarse. De repente el coche para en frente de una casa perdida en medio de la nada y el conductor me dice: señorita, aquí vive Don Ignacio. La verdad es que yo imaginaba la comunidad como un pueblo, con más casas, alguna tienda para comprar algo de comer, pero no, aquello era todo, una cabaña en medio de la selva.

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Al entrar me recibe una mujer que estaba preparando un pollo para cocinar. Solo verme, al igual que me pasó en la visita al señor Vidal, me dice que me estaba esperando porque me había soñado, que esperara que Don Ignacio me recibiría enseguida, que estaba preparando el remedio, por lo visto es como llaman ellos al ayahuasca, porque dicen que sana el espíritu y cualquier enfermedad que se tenga. Yo me encontraba fatal, al parecer no me había recuperado del viaje y el encontrarme allí en medio de la nada sin absolutamente nada que hacer me produjo una sensación lejos de placentera de ansiedad.

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Don Ignacio me recibió con mucha amabilidad y me invitó a participar en la ceremonia de Ayahuasca que se llevaría a cabo a las 9 pm. El anciano era uno de los expertos más reconocidos en esta materia y por eso estaba más que acostumbrado a recibir gente de todos los países que venían, al igual que yo, únicamente para conocerlo y probar el remedio. Ahora mismo habían dos chicos más, uno de USA que se estaba curando de una enfermedad y otro de Jamaica que quería sentir la planta.

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Tras dejar la mochila en una pequeña cabaña donde dormían todos, me asignaron una cama que no podía estar más sucia. Me di una ducha rápida como pude, en medio del bosque con una palangana a ver si me despejaba y me tumbé encima de mi pareo en aquel viejo colchón. El ruido de la lluvia resonaba fuerte en el techo y yo no paraba de dar vueltas a la cabeza, una sensación rara, qué hacia allí? realmente quería probar la planta? no puedo negar la sensación de incomodidad que aquel sitio me producía, la suciedad, el no tener que comer, el encontrarme mal de la barriga, el sentirme aislada sin posibilidad de salir de allí porque no habían coches, el no tener absolutamente nada que hacer más que pasara el rato hasta la hora de la ceremonia y el saber que tenía que pasar la noche allí donde por lo visto había que dormir con la luz encendida por si entraba alguna serpiente a la cabaña, y es que, la verdad es que no se que esperaba, estaba en medio de la selva y no había marcha atrás.

Me acerqué a el abuelo y a los chicos a ayudarles a cocinar la planta y con tan solo olerla, las nauseas se pronunciaron, recordándome lo mala que me había puesto con el San Pedro y el malestar que me duró días. Cada vez más dudas y peor sensación en mi cuerpo hasta que llegué a la dolorosa conclusión de que aquello no era para mí, ni estaba a gusto en el lugar, ni creía que fuera el momento de darle a mi cuerpo la planta. Después de todo el esfuerzo y sacrificio de haber llegado hasta allí en tres horas ya me quería ir y sorprendentemente así hice, me volví a cargar la mochila y me despedí de la gente. Tres horas de caminata bajo la lluvia y en medio de la selva amazónica me esperaban ya que no había coches que fueran para el pueblo cuando llovía por las malas condiciones del camino. Por suerte, a los pocos metros un tractor que había estado labrando la tierra y se dirigía para el pueblo me recogió. Llegué empapada a aquel pueblo que no tenía ningún atractivo así que me dirigí de nuevo a la estación que había dejado esa misma mañana jurándome que no volvería a subir a un autobús en unos días. De nuevo allí, volviendo a comprar billete para aquel horroroso viaje. Por delante, tres horas de espera en la terminal, doce horas de viaje en pésimas condiciones y llegando a Cusco a las 4am. Lo peor, que no había ninguna otra alternativa, momento de impotencia y desesperación que explotó en llanto de desahogo. Momentos bajos que también aparecen en los viajes, no todo es tan bonitos como parece en las fotos, hay momentos increíbles pero también horrorosos, de sentirte indefensa, impotente, sola, perdida y dudando del sentido de todo. Realmente valía la pena situaciones así? Qué estoy haciendo con mi vida? Ganas de volver a una vida tranquila y segura, de estar con mi gente. Cada vez más claro que la etapa de backpacker llega a su fin, ya no existen las ganas que al principio y empiezan a arder cada vez más fuerte deseos en otro sentido.

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Pena por no haber probado la planta sabia que tanto había buscado, pero al menos se que seguí a mi corazón y que no me llevo la duda de “¿y si hubiera ido?”, aunque las cosa no acabaran como yo imaginaba. Se que algún día probaré el Ayahuasca pero no era ni el lugar ni el momento, la mayoría de la gente piensa que es el mejor lugar para probarlo, en la selva amazónica y con un chaman experto, yo tuve que ir hasta allí para darme cuenta de que en mi caso no era así, quizás yo necesitaba hacerlo más cerca de mi hogar.

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