Brasil in love

Bom dia Brasil! A las 10am llegábamos a la capital carioca, después de nuestra intensa parada en Nueva York donde las seis horas de escala dieron mucho de sí, paseo por la 5a Avenida, comida en Central Park, paseo por Brodway, fotitos en Time Square y ducha y reposo en la increíble casa de Tony con sensacionales vistas a la city.

OLYMPUS DIGITAL CAMERADe nuevo al aeropuerto y tras doce horas de vuelo aterrizábamos en Rio de Janeiro!

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El día se presentaba lluvioso y las previsiones no mostraban mejora, lo que me recordó lo cabezona que soy y aun sabiendo que no era el mejor momento del año para conocerlo, yo quería finalizar mi viaje en Brasil, así que no me quedaba otra que confiar en mi buena suerte y esperar a que el tiempo nos diera una tregua y poder ver el sol brillar en el país de playas increíbles, paisajes de verde intenso, cultura cálida, artistas, capoira, samba, color!

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Lo primero que hicimos al llegar a Lapa, barrio donde nos hospedábamos, fue desayunar un acaí con granola y banana, producto típico y que una vez se prueba es difícil de olvidar. Dejamos las mochilas en la habitación y nos fuimos a ver que nos deparaba la ciudad Brasileña. Pasamos cuatros días en la capital en los que el tiempo anduvo cambiante, tuvimos lluvia, nubes, frío pero también algunos rallitos de sol que nos daban una tregua para poder ver las famosas playas de Copacabana, Iphanema y Botagogo en su estado puro. Podemos corroborar el culto al cuerpo de los brasileños ya que daba gusto pasear por la playa viendolos hacer  deporte, corriendo, en bici, practicando capoira, jugando a fútbol y haciendo acrobacias en la cuerda elástica.

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Otra de nuestras visitas obligadas fue el Cristo Redentor, imponente monumento enclavado en el corazón del Parque Natural de Tijuca, coronando el cerro de Corcovado a 710 metros de altura y bendiciendo a toda la ciudad de Río de Janeiro. Lugar de peregrinación para la multitud de creyentes brasileños y uno de los principales reclamos turísticos del país. La sensación de estar debajo de la estatua de mil toneladas no deja indiferente a nadie. La obra fue calificada de “hercúlea” por las duras condiciones de construcción, sobre una base casi sin espacio para el andamio y en una cumbre en la que soplan fuertes vientos a la que entonces solo se podía acceder por escarpados senderos o a lomos de una mula. Las vistas desde esa altura dejan patente la belleza de la ciudad, mosaico de casas blancas, favelas, playa, lagunas y cumbres de verde intenso.

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Otro de nuestros días, nos subimos en un bus para ir a barra de Tijuca y sin darnos cuenta acabamos en la favela más conocida de Rio, la Rosiña. Lucas me dijo: estás loca, no sabes donde nos hemos metido! Por lo visto era una de las favelas más peligrosas pero nosotros subimos hasta arriba y no tuvimos ningún tipo de problema.

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Por las tardes paseábamos por el barrio de Lapa, conocido por su movimiento nocturno pero también por ser algo conflictivo, era evidente que era un barrio sin recursos por la cantidad de gente sin hogar y sumida en el alcohol y las drogas, compartimos conversaciones con algunos de ellos, gente a nuestro parecer inofensivas pero con el gran problema de depender de sus vicios. Por las noches, desde la cama del hostal veíamos las noticias y nos sorprendían la de actos vandálicos que se producían justo por las calles que habíamos transitado.

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El martes volvimos a armarnos la mochila para dirigirnos a un destino que habíamos improvisado sobre la marcha y que resultó ser un acierto en todos los sentidos, la increíble y ya inolvidable para nosotros, Ilha Grande. Posiblemente el solazo que nos acompañó nuestra semana allí tuvo mucho que ver pero el encanto de la isla es incuestionable. Un lugar totalmente conservado, donde no hay cajeros automáticos, ni coches, ni motos, transitado por numerosos turistas pero aun así manteniendo la estructura casta y pura del pueblo. Envuelta de numerosas playas increíbles a las que se puede acceder en barca o a través de trillas que atraviesan la selva de la isla.

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Nuestro segundo día decidimos visitar la playa de Dos Ríos, una de las que parecía más bonitas en las fotos expuestas. Tras 2h de duro camino a través de selva por algunos atajos que nos habían desvelado los isleños llegamos a aquel paraíso donde nuestros esfuerzos fueron recompensados. Un lugar para nosotros dos solos que superaba nuestras expectativas. Otro día fuimos a parar a Lopez Mendes, que también puede considerarse otro auténtico paraíso de ensueño. tres km de playa prácticamente desiertos, rodeamos de vegetación y un agua cristalina. En mi memoria se queda grabada la tranquilidad que transmitía aquel lugar, un regalo para los sentidos, tumbada en la fina arena, acariciada por los rallos del sol, con el sonido de fondo de las olas, respirando aire puro y maravillándome con la imagen de postal que tenía frente a mí.

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Otras de nuestras excursiones fue la cascada de Cachoira, otro trekking con merecida recompensa.

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Las noches eran de paseos por la plaza donde siempre había música en vivo y por las callecitas llenas de restaurantes con velitas sumidos en el romántico sonido de las olas, el olor que aquellos lugares desprendían era exquisito por lo que deduzco que se debía comer muy bien, no lo puedo confirmar porque un backpaker no puede darse esos lujos, nosotros con el desayuno que nos entraba con el alojamiento casi que comíamos para todo el día 😉OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERADespués de una semana de playas, trekkings, snorkel, navegar, sosegados paseos al atardecer por el pueblo y mucha paz y relax nos costó despedirnos de una isla que nos había enamorado, pero decidimos arriesgarnos y pasar nuestra última semana en un lugar diferente. Nuestra intención era ir a Salvador pero el precio desorbitado del transporte hizo que buscáramos una alternativa, así que decidimos probar suerte en Cabo Frío.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERATras unos cuantos autobuses llegamos al destino, la primera impresión no fue muy positiva y es que el listón estaba muy alto después de donde veníamos. Comimos algo y nos pusimos a la búsqueda de alojamiento barato sin mucho éxito. Por lo visto aquel especie de Benidor de Brasil era caro y encima no nos parecía bonito, así que sin apenas haber estado una hora ya estábamos de nuevo en la parada de autobuses para probar suerte en el pueblo de al lado, Buzios.

Tan solo llegar tuvimos la suerte de topar con un hombre mayor argentino que nos encontró un apartamento a nuestra medida, en el centro del pueblo y dentro de nuestro presupuesto, triunfada! Además aquel pueblo era precioso, por lo visto es conocido como el San Tropez de Brasil, por la belleza y romanticismo de sus callecitas, ideal para nuestra luna de miel 😉

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Buzios, que significa Búo en brasileño, era un antiguo pueblo de pescadores que hoy en día se ha convertido en uno de los principales destinos turístico de Río para la jetset. Posee un estilo arquitectónico único y conservado, manteniendo la estructura de las antiguas casas de pescadores y calles empedradas llenas de botiques, restaurantes y pubs con mucho encanto ideales para tomar caipiriñas y ver espectáculos de samba.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERAUno de los días alquilamos un buggie y nos fuimos a recorrer todas las playas del lugar, bonitas pero sin comparación con Ilha grande.

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OLYMPUS DIGITAL CAMERALos días en Brasil iban llegando a su fin y con ellos la tan temida despedida que habíamos intentado omitir de nuestra mente hasta su llegada para no desperdiciar ni un minuto de la viviencia. Llevamos apenas cuatro meses juntos, quizás fue la forma en que nos conocimos, el momento de nuestras vidas en el que ocurrió, lo mucho que nos habíamos buscado, lo que habíamos sentido este verano, lo que habíamos vivido en Brasil, no lo sé, pero los dos intuimos que somos el uno para el otro. Nuestros caminos se cruzaron en Bali y desde allí los sentimientos han ido penetrando capas hasta llegar donde poca gente llega. Ahora la vida nos vuelve a poner a prueba y separa nuestros caminos por un tiempo, Lucas en busca de su objetivo económico y personal en Australia y yo finalizando mi viaje en el místico Perú y volviendo a España para empezar una nueva etapa de crecimiento profesional. Por delante seis meses a más de 17000 km de distancia, los dos concentrados y entregados a nuestro propósito pero con nuestra verdad dentro, tan lejos pero tan cerca. Que la distancia ni el tiempo perturben lo más mínimo esa mágica llama que se queda ardiendo en nuestros corazones.

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2 respuestas a Brasil in love

  1. Joan dijo:

    Que passssada Sandra!!!!

    Felicidades por las fotos, por la forma de escribir, m encanta tu blog 🙂

  2. Qué maravilla Sandra! Nos alegramos que hayas vuelto a las andadas y encima por esas tierras de las que tan buen recuerdo tenemos! Mucha suerte por Perú! Abrazos!

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