VIVIENDO EL INVIERNO AUSTRALIANO

Para todos aquellos que creíais que en Australia no hay invierno, ya os digo yo que sí y que me lo estoy comiendo con patatas 😉 Lejos de la la idílica imagen de la Australia soleada y paraíso del surf yo estoy viviendo la otra cara no tan conocida de las antípodas. Días cortos, grises, fríos y lluviosos pero que por otro lado, se lleva mucho mejor el tener que trabajar todo el día… Y como mi objetivo aquí es hacer $$$, ya me va bien…

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Metida de nuevo en la rutina, en la zona de confort, rodeada de las comodidades y seguridades que la gran ciudad te proporciona, echando de menos las inesperadas situaciones de los países asiáticos que llenan de emoción los días y te sacan del piloto automático. Precisamente eso es lo que ha hecho que tarde en escribir esta entrada, sinceramente no tenía nada emocionante que contar, a diferencia de cuando estoy en ruta que no se ni por donde empezar.

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Mis semanas están consistiendo en trabajar en Avenue de 8 a 3 y dar clases de español de 3 a 5. Cuando termino mi jornada, entre el cansancio, el frío y la lluvia lo que más me apetece es meterme en casa, lo cual no va nada mal para mi objetivo de ahorrar la mayor parte de lo que gano en esta carísima ciudad donde una semana de alquiler en habitación compartida con 4 no baja de 160 USD. Este tiempo está haciendo que esté más lectora y escritora que nunca, así que libro y libreta en mano las tardes me pasan viendo caer la lluvia desde la ventana.

Al principio trabajar en Avenue no fue fácil y no por la faena sino más bien por el ambiente de trabajo. Nunca me había encontrado con gente que no te da los buenos días, que no sonríe nunca, que solo saben hablar con tono agresivo y que lejos de trabajar en equipo intentan que te equivoques para ir corriendo a explicárselo al jefe… Increíble de verdad, nadie sabe la de veces que me estoy teniendo que morder la lengua y la impotencia que siento en muchas ocasiones. Ni un gesto de complicidad, solo desprecios que a lo largo del día pesan y mucho. Posiblemente yo también esté más sensible de lo normal por tantos días apartada de mi gente y en una ciudad que estoy encontrando tan fría pero lo estoy tomando como un reto, intentando aprender la lección implícita en todo lo que me ocurre y que sin duda me está haciendo mucho más fuerte en muchos sentidos. Por suerte las cosas han mejorado con los días y poquito a poco empiezo a ver rallitos de luz en la obscuridad de el lugar. Estuvieron apunto pero no lograron borrarme la sonrisa y es que si en ninguno de los países que vengo recorriendo la extrema pobreza e injusta historia que llevan a cuesta ha podido difuminar ni una pizca de la suya porque lo iban a hacer de la mía unos cuantos aussies malhumorados…?

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Después de la semanita cargada de tensión que mejor medicina que salir con mi compi de piso Fanny con la que me llevo genial y que desde el principio está siendo un gran apoyo. Así que los viernes nos bebemos unos vinitos y nos vamos a vivir la noche Australiana, que no se diferencia mucho de la de cualquier ciudad… No entiendo como esta gente se pone tan borracha cuando no está permitido llenar la copa con más de un mini chupito de alcohol, la de consumiciones que se tomarán para acabar así y contando que no bajan de 20 USD, hagan cálculos señores…

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Pero sin duda, lo mejor de Sydney para mi es Manly por lo que intento escaparme los fines de semana que puedo y donde además del placentero viaje en ferry en el que se pueden ver hasta delfines, se puede disfrutar de surf y snorkling, eso si, con un buen neopreno para combatir el invierno australiano 😉 Me encanta la paz y tranquilidad que me transmite el lugar y que lo hace tan acogedor a diferencia del caos y las prisas de la ciudad. Posiblemente tenga mucho que ver la influencia que el mar causa en mí, cada vez tengo más claro que necesito tenerlo cerca y es que me devuelve el alma al cuerpo ( sé que algún día viviré enfrente de él).

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Antes de acabar el post debo de confesar que por raro que parezca, mis últimos días en esta increíble ciudad los estoy viviendo a medias. En parte por el clima y por el agotamiento de trabajar pero mayormente porque después de tanto tiempo lejos de casa y sabiendo que vuelvo en menos de un mes, mi cabeza esta casi más allí que aquí. Me siento incapaz de disfrutar al 100% de lo que estoy viviendo en esta parte del mundo, lo intento pero intermitentemente y sin yo desearlo mi cabeza se traslada a Barcelona, fantaseando con el reencuentro con mi familia y amigos, deseando sentir el abrazo de los míos, adelantando acontecimientos, planificando todo lo que haré cuando llegue… Sé que una vez esté allí, desde el sofá de mi casa me acordaré de los días que no aproveché aquí… Así que ya estoy cambiando el chip para mis próximos destinos

Next stop… Gold Coast, Byron Bay and Filipinas!!! Can’t wait 😉

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