WELCOM TO SYDNEY

Ya era hora de escribir! lo sé… mi tercera semana es Sydney y aun no había publicado nada sobre ello pero es que desde que he llegado apenas me he permitido disfrutarla ya que mi principal objetivo ha sido encontrar piso y trabajo lo antes posible antes de acabar arruinada en una de las ciudades más cara del mundo, donde los precios te golpean más fuerte si cabe si se viene de Asia. A pesar de ello, juego con la ventaja de que desde el día 1 unos amigos de una amiga me acogieran con los brazos abiertos en su acogedor pisito de Manly, lo cual no solo me está ayudando a ahorrarme el alojamiento sino también a sentirme como en casa cuando llego después de un día agotador recorriendo las calles de la esta ciudad. Gracias Anna y Ben, los dos sois muy grandes ya lo sabéis 😉

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Aterricé a las 5am en Sydney, para mi sorpresa despierta como si hubiera dormido 8h a pesar de no haber sido más de 2 ya que mi cabeza lejos de caer agotada en un profundo sueño no paraba de darle vueltas a la intensidad de las últimas 24h en Bali y a la idea de que la aventura de mochilera se paraba por un tiempo. Me habían comentado que los tramites en el aeropuerto de Australia eran largos por el control exhaustivo que se lleva a cabo con la gente que entra en el continente pero no fueron más de 40min y nada del otro mundo. Sobre las 6am cogí el tren que me llevaría hasta el ferry para llegar a Manly tal y como me había explicado Anna. Solamente salir del tren un frío inesperado sobre todo mi cuerpo y es que en Australia ahora mismo es otoño y en breve empezará el invierno, pero el impacto es mayor cuando se viene de Bali con sus altas y húmedas temperaturas. El paseo en ferry fue una buena carta de presentación a la ciudad, viendo de lejos sus grandes edificios, pasando por delante de sus emblemáticos Opera House and Harbour bridge, viendo como poco a poco a medida que el sol empezaba a calentar con más intensidad la ciudad iba despertando. Hora en la que la mayoría de la gente se dirige a su trabajo, todos con sus trajes, su café en vaso de cartón en la mano y con mucha mucha prisa, de vuelta a las ciudades desarrolladas.

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Cuando llegué a Manly fue como un flechazo, que lugar más bonito! creo que ya sé donde quiero vivir mi temporadita en Sydney, pensé solo llegar. Un pueblecito acogedor, rodeado de mar y montaña e ideal para los amantes del surf y del snorkling. A tan solo 35 min del centro de Sydney en un placentero viaje en ferry. Anna me había dejado las llaves debajo de la puerta a pesar de no conocerme y solo haber hablado por faceebook, lo que ya decía mucho de ella. Cuando entré en aquel piso tan acogedor me recordó a mi casa, era la primera vez en meses que no iba a dormir en la habita más barata de un guest house o un hostal. Baño, cocina, comedor, camita, a dos min de la playa y del ferry y todo for free, no me lo creía, estaba deseando conocerlos para darles un millón de gracias.

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Con el subidón de estar en Sydney y con unas ganas tremendas de conocer y descubrir, dejé las cosas y volví en ferry a la city, eso sí, con un pilote de curriculums debajo del brazo, no hay tiempo que perder, ya habrá tiempo de hacer turismo cuando haya una fuente de ingresos.

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Me recorrí las principales calles del centro financiero, que me recordaron mucho a mis días en Nueva York, luego la parte de Bondi Beach que también me recordó a mis días en USA pero en L.A por Venice Beach, Sta Monica y Malibú. Los siguientes días seguí repartiendo cv por la zona del wharf, the rocks, darly harbour y como no, mi querido Manly. Repartí dos tipos de cv, el real, para trabajar en tienda u oficinas y el falso, como último recurso para trabajar en lo que llevo viendo en mi casa desde bien pequeñita y que siempre he dicho que no me quería dedicar por la esclavitud que supone la tan presente en mi familia hostelería. En unos días ya tenía algunas entrevistas.

Aunque ya sabía al entrar al país que estaba en visa de turista y solo podía trabajar sin contrato ya que recordemos que gracias a las estupendas relaciones internacionales de nuestro eficiente gobierno español somos de los pocos europeos a los que no se les permite entrar con visa para trabajar, tan solo para estudiar (gracias Aznar por tu gran aportación a el desarrollo profesional de los jóvenes y cualificados españoles en una economía tan emergente como la Australiana), aun mantenía una pizca de esperanza pero tras mi entrevista en las oficinas de Zara y en algunas tiendas en las que me dejaron bien claro que sin visa en este país es imposible trabajar, volví a la cruda realidad. Así que opté por mi segunda opción, la hostelería, en la que tampoco podía escoger los lugares que me gustaran sino los que se arriesgaran a trabajar con ilegales ya que la multa que les puede caer no es pequeña. Y así es como después de 11 días en la city, de haberme pateado lo que no está escrito, de haber l entrevistas y pruebas empecé a trabajar en Avenue, una cafetería de la zona financiera especializada en desayunos y comida para la gente de oficinas.

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Paradojas de la vida, quién me iba a decir que iba a acabar sirviendo cafés a los trajeados hombres y mujeres de negocios en sus breaks de la oficina cuando hace poco era yo la que estaba en su lugar. Y quién me iba a decir que todo lo que me había enseñado mi padre cuando era una canija y me tenía que subir a una caja para llegar a atender a la gente de la barra me iba a ser ahora de tan valiosa ayuda. Para nada estoy descontenta con este trabajo aunque tenga muy claro que no me quiero dedicar a ello, me lo estoy tomando como una experiencia más, como una lección de vida que me está aportando mucho más de lo que hubiera imaginado, ayudándome a tener más los pies en la tierra, a verlo todo con mucha más humildad y a valorar el oficio de mi familia.

El tema alojamiento tampoco fue tan fácil como me pensaba, por un lado los precios desorbitados y por otro dar con la zona, el piso y la gente adecuada para evidentemente compartir. La idea de vivir en Manly la fui descartando ya que la mayoría de entrevistas las tenía en la city y los precios que encontraba por habitación era mejores. Fueron muchos los pisos que visité, desde los que te abre la puerta un señor borracho o una viejita que habla con las paredes, hasta los típicos pisos de estudiantes donde la mierda se les come o los pisos de asiáticos donde en 60 metros cuadrados se pueden concentrar hasta 12 personas durmiendo 6 por habitación, 4 en el comedor y 2 en el balcón, ¿y yo dónde, en el baño? Mi cara era un poema y cada día me sentía más desanimada al ver que a pesar de ver más de 6 pisos por día y hacer entrevistas de trabajo, no encontraba nada. La vuelta en ferry a Manly después de un día agotador bajo la lluvia y el viento, viendo como te vas alejando del ruido de la city y como los enormes e iluminados rascacielos se van haciendo pequeñitos, me devolvía a ese estado de paz y a esa consciencia interior que tanto nos cuesta ver cuando estamos sumergidos en el caos de la s grandes ciudades.

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Hasta que simplemente un día, mi piso llegó y no sé porque incluso antes de verlo ya lo intuía. Un pisito céntrico, acogedor, limpio en el que comparto habitación con una francesa, una inglesa y una rusa y en la otra habitación Tonny un vietnamita muy simpático. Lo mejor es la terraza donde tenemos piscina, jacuzzy climatizado y gimnasio.

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Síiiii! ya puedo decir que empieza mi nueva etapa en Sydney. Objetivo: hacer dinero para seguir financiando mis viajes, mejorar mi ingles y disfrutar de este continente 😉

 

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Una respuesta a WELCOM TO SYDNEY

  1. laura amores dijo:

    Feliz de leer tu post! sigue disfrutado de esta gran experiencia en el pacifico! love Manly!

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