UBUD, AQUI ME QUEDO

Bali es una de las islas que compone el archipiélago indonesio, al este de Java y al oeste de Lombork. Conocida mundialmente como una de las mejores islas del mundo y atractivo destino turístico es famosa tanto por sus espectaculares paisajes, sus increíbles playas con pequeñas y grades olas para deleite de los surferos pero sobretodo, por su rica, exuberante, vibrante y colorista cultura que llega a su cumbre en Ubud.

Para los balineses, la isla en la que viven es un lugar mágico que deben de conservar mediante los ritos correspondientes. El 90% de la población es hindú, a diferencia de el resto del país donde son musulmanes. Se dice que por esta razón, la gente en Bali es diferente y destaca por desprender más amor y ser más espirituales. No se como serán en el reto del país pero aquí los locales que he tenido la suerte de conocer han demostrado que esa enorme sonrisa que caracteriza sus rostros no viene de otro sitio más que de el corazón y que son gente cariñosa y acogedora dispuesta a compartir y ayudar aunque apenas te conozcan porque a ellos les nace así.

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Hay, desde luego, dos Balis y la diferencia es bastante evidente. Por un lado, los enclaves turísticos, pequeños mundos que parecen cerrarse al exterior y por los que circula una versión descafeinada del otro Bali, el de la calle, que se abre a cualquiera que le dedica el tiempo y las ganas necesarias. Para observar el gran espectáculo de la vida balinesa solamente hay que apartarse un poco de las calles principales llenas de agencias, tiendas y restaurantes, perderse por las calles donde están las dependencias familiares y descubrir un pueblo que arrastra todos los problemas de los países en vías de desarrollo pero que al mismo tiempo se considera que vive en un lugar privilegiado.

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Mis primeros días en Bali fueron un desastre en este sentido ya que me moví por lo mas conocido y transitado por lo que no puede apreciar el gran tesoro de esta isla, su gente. Se llega a sentir agobio cuando cada dos pasos te preguntan si quieres un taxi, al final opte por tomármelo como una manera de saludar a la gente, “no taxi thanks, no taxi thanks…” y así innumerables veces a lo largo del día, intentando siempre regalar una sonrisa aunque a la enésima vez te entran ganas de mandarlos a la mi… o colgarte un cartel en la frente. Además por estas calles todo esta a precio de turista por lo que descuadraba bastante mi presupuesto y me hacía pensar que no iba a poder estar mucho tiempo por aquí 😦
Ubud es la capital cultural de Bali y la esencia de la magia de la isla, pero también es un destino para gente de dinero por lo que esta lleno de resorts, spas, retiros de meditación y yoga a precios totalmente occidentales. Todo ello me hizo estar un poco desilusionada pero algo me decía que no podía ser así después de todas las expectativas puestas en este lugar y así fue como sin apenas darme cuenta, siguiendo mi instinto, descubrí el verdadero Bali perdido en las callecitas apartadas. Conocí a unos cuantos balineses que me ayudaron a encontrar una habitación increíble en una familia a muy buen precio y me enseñaron un mercado local donde comprar frutas y verduras para cocinarme y poder pasar aquí una temporadita sin gastar demasiado. Una vez encontré mi pequeño hogar en Ubud un feeling especial, algo que hasta el momento solo me había pasado en Tomsai, me hacia prever que este iba a ser el lugar para hacer un alto en el camino. Posiblemente por eso mi cuerpo se relajó de tal manera que estuve malísima todo el día sin fuerzas para moverme de la cama y es que yo creo que todo el cansancio de haber viajado tan rápido, habiendo estado en mas de 18 destinos en tan solo dos meses y de la forma que yo viajo (poco presupuesto=no cómodo, no fácil), salió a la luz. Pero después de el necesitado descanso todo volvió a la normalidad, menos mal porque ya pensaba que había cogido el dengue ya que no paro de conocer a gente que lo ha pasado fatal… Posiblemente aquí sea donde más bichos me están picando, incluso más que en la India y eso que apesto a repelente. Arañas, pulgas, mosquitos, todos se ponen las botas conmigo y las lagartijas (y no hablo de las del tamaño de español) y a veces algún geco se pasean a sus anchas por mi habitación, pero ya me hace hasta gracia.

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Además de empaparme de la cultura, gente, magia y espiritualidad del lugar, otro de mis objetivos en Ubud era hacer todas las clases de yoga y meditación posibles ya que es uno de los mejores lugares del mundo para hacerlo. Encontré una escuela justo al lado de la familia donde tenían una promoción para hacer una semana de clases ilimitada por 30e, así que me pienso pasar el día ahí metida aprendiendo todo lo que mi cabecita me permita absorber y haciendo la mayor cantidad de clases que mi cuerpo aguante 😉

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