VOLUNTEERING IN CHIANG RAI

Viajar es una experiencia muy gratificante pero si además le sumamos el hecho de poder colaborar con los que más lo necesitan no os podéis imaginar lo que se puede llegar a  potenciar. Mi voluntariado ha sido de los mejores momentos hasta ahora en mi viaje, el contacto humano y la empatía que se siente hace que la experiencia sea difícil de olvidar. Han sido pocos días pero suficientes para encariñarse con unos pequeños que se hacen querer, no os podéis imaginar lo que necesitan atención y cariño por lo que no se separan de ti en todo el día, te abrazan, te besan y sobretodo les encanta aprender, si por ellos fuera vendrían al colegio los fines de semana también y cuando llega la hora de irse a casa todos te piden quedarse un ratito más. Se supone que tu vienes a enseñarles y aportarles algo pero finalmente los que te enseñan y no paran de darte sin querer recibir nada a cambio son ellos.

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El día comienza a las 7.30 cuando los pequeños van llegando al cole y su primera tarea es la limpieza de los baños y recoger las hojas del patio. Luego pasan a cantar el himno de su bandera, a recitar una serie de oraciones y plegarias y se les reparte el desayuno. Yo me he estado encargando de los peques de la guardería por la mañana, las clases empiezan con un poco de deporte haciendo carreras en el patio, luego entran a clase y hacen un poquito de meditación y luego ya se empieza con la clase de inglés practicando el abecedario, los colores, los números, etc. Os sorprendería lo listos que pueden llegar a ser teniendo en cuenta que tienen de 3 a 5 años. Me he reído mucho con ellos sobretodo en momentos como cuando todos los peques empezaron a bailarme el oppa gamnastyle… Son niños que a pesar de las travesuras que puedan hacer los niños de su edad son muy educados y siempre te saludan con una reverencia y un GOOOD MOOOOOORNING TEACHER, y siempre siempre siempre te dan las gracias para lo que sea.

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Después de comer y lavarse los dientes los peques se tumban en la clase a hacer la siesta y yo me voy con los de P2 a los que me voy orgullosa de haberles podido enseñar a decir y escribir los días de la semana, espero que aunque con el tiempo se olviden de mí por lo menos no se olviden de lo que han aprendido.

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Después de las clases, nuestro momento del día es cuando todas las voluntarias vamos a pegarnos un baño a las cascadas que hay a una hora del pueblo andando, por suerte siempre encontrábamos a algún tractor que nos carga y nos evita la caminata después de el día agotador con los peques. El agua está helada pero se agradece después de las altas temperaturas que se pueden llegar a alcanzar a lo largo del día.

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Una respuesta a VOLUNTEERING IN CHIANG RAI

  1. Hola Sandra!

    Qué bien poder verte de nuevo en la ruta! Además, como dices, experiencias como estas en el colegio hacen que la experiencia alcance otro nivel… yo nunca lo hize y es una espinita que tengo ahí clavada…

    A seguir!!! Un abrazo,

    Marcial

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