LA DECISIÓN


Pues bien, después de poner la balanza una y otra vez, analizar pros y contras, volverlo a reflexionar y meditar, opté por simplemente intentar escuchar una voz que todos tenemos dentro pero que con el ruido al que estamos sometidos en la actualidad es muy y muy difícil de escuchar.  Me pregunté: ¿qué pasaría si no lo hiciese y continuara con mi rutina diaria haciéndome hueco en el mundo profesional? Entonces me di cuenta que me quedaba una vida por delante para dedicarme a crecer profesionalmente, sin embargo, lo de viajar era algo que lo tenía que hacer ahora que era cuando el cuerpo me lo pedía y los factores más importantes estaban a mi favor: juventud, ganas, algo de dinero ahorrado, estar sin pareja, tener mi familia sana y ningún otro tipo de atadura, lo que con los años es muy probable que cambie. Confié en mi voz interior que decía que si dejaba de cumplir un sueño me arrepentiría siempre. Sabía que no podía hacerme responsable de cosas sin antes haber aprendido a hacerme responsable de mi misma.

Lo más duro fue reunir el valor para atreverme a dar ese salto sin red. Cuando tienes un trabajo que te gusta en una empresa que admiras y rodeada de buena gente pedir una excedencia voluntaria no es tarea fácil, hay que pensárselo mucho y si a ello le sumamos el contexto negativo que estamos viviendo en España a nivel laboral, aun más. Pero aposté por mi misma confiando en mi valía y lo hice.

A los ojos de mucha gente que me rodea seguro “me perdí muchas oportunidades”, pero valoro más la vida por la cantidad de sueños que voy realizando en el camino, y no por la cantidad de cosas que me compro o dinero que acumulo. No puedo pretender que todo el mundo lo entienda, sé que mucha gente se piensa que es un año sabático o un pedazo de vacaciones pero os puedo asegurar que no tiene nada que ver. Lo que yo me dispongo a hacer a lo largo de este año es lo que yo considero un máster en la vida, adquiriendo conocimientos en “mundología” que me proporcionarán una transformación irremediable. Al cabo de un año espero volver habiendo conocido no solo nuevos lugares y nuevas culturas, sino habiendo entrado en contacto con personas que viven muy lejos de mi realidad cuotidiana, habiendo visto el mundo con mis propios ojos y en consecuencia conociéndome mucho mejor a mí misma. Seguramente vuelva mucho más pobre en términos económicos pero inmensamente más rica en lo que a mí realmente me importa: en experiencias, y éstas, por suerte, no se gastan a pesar de la crisis 😉

 

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